Empecemos por el principio. Yo tengo un blog de música. Se llama bSides y tiene algo más de un año de vida. En él unas pocas personas (ojo, personas, blogueros, no somos periodistas) con mucho interés por la música compartimos nuestras opiniones sobre discos y conciertos. A veces nos acreditan para cosas. No siempre, ojo, digo a veces. Otras veces nos pagamos nuestra entrada y asistimos a los conciertos con normalidad. Hay de todo. No es fácil conseguir que a uno le acrediten para conciertos: hay que echar muchas horas del propio tiempo libre en el blog para conseguir que, con el paso de los meses, le permitan a uno ir a sacar fotos, por ejemplo, de un grupo tocando en directo. Es muy satisfactorio, eso sí, cuando la gente empieza a apreciar tus opiniones y/o tus fotografías. Pero hay un problema: parece que cuando te permiten entrar gratis a algo, automáticamente ese algo te tiene que parecer gloriosamente maravilloso. A mi me encantaría que todos los conciertos a los que voy me parecieran la hostia. Pero no puede ser: voy a muchos, de los cuales un, yo que sé, 70% me gustan, un 20% me parecen la leche, y un 10% acaban siendo una pérdida de tiempo.
Yo tengo un blog, en el que opino e informo. Yo sé que para los periodistas que una indocumentada como yo pueda hacer eso es una putada pero, amigos, es lo que hay. Ese blog tiene lectores. No muchos, lo acepto, pero alguien lee. Aunque no estudié periodismo me llega el raciocinio para entender que quien me lee lo hace porque considera mi opinión, cuanto menos interesante. Asumo que si alguien lee lo que yo escribo es porque confía minimamente en mi sinceridad, que piense que mi opinión no se puede comprar con una entrada gratis. Si quien lee lo que escribo lo hace, debe ser porque, creo yo, sabe que si algo me gusta voy a ser entusiasta con ello; pero si algo no lo hace, no lo voy a callar. Siempre dejando muy claro que es mi opinión, es mi percepción, pero es lo que quienes entran al blog parecen estar dispuestos a leer. Hay muchos blogs de música (por hablar del campo que mejor conozco) que se limitan a copiar notas de prensa y a decir que todo estuvo genial. Yo no puedo, yo no soy así. bSides no va de eso: va de analizar, argumentar, comprender y opinar. Salvo una vez (el último disco de Keane) en bSides no nos hemos dedicado a decir cosas feas de discos o conciertos solamente por el puro placer de despedazarlos: soy la primera a la que le jode ir a un concierto y que no me guste, vaya o no como invitada. Muchas veces nos llega material de grupos nuevos que no reseñamos porque no encontramos muchas cosas buenas que decir de él y, macho, para un grupo que está empezando, hacer una mala crítica, pues no: mejor no decimos nada y nadie sale herido. Tratamos de ser razonables.
Hace 10 días me encontré con que estaba acreditada para un concierto de Miss Caffeina en Madrid. Es un grupo del cual había hablado bien en el blog y esperaba un concierto entretenido pero, desgraciadamente, a la hora de la verdad, me aburrí como una ostra. Cuando llegué a casa y procesé mis fotos lo hice dándole vueltas a todo esto que acabo de exponer: el concierto me había parecido malo. Pero estaba acreditada. Pero el concierto me había parecido malo. Pero estaba acreditada. Y así un buen rato. Al final llegué a la conclusión de que mi crítica no truncaría la carrera de un grupo que ya se encuentra en plena ascensión meteórica al estrellato y decidí ser sincera. Ni que decir tiene que se me llenaron los comentarios de trolls que aludían a mis frustraciones sexuales como explicación para mi mal gusto musical; pero es que hasta el guitarrista del grupo llegó a decirme por Twitter que para qué había ido si a mi su música nunca me había gustado (cosa falsa, repito que había reseñado favorablemente su último disco unas semanas antes, aunque ellos no habían hecho ni pajolero caso a dicho post). Yo comprendo que es tu música, es tu concierto y que te jode que diga que tu cantante estuvo hora y pico inmóvil y con cara de seta. Pero lo que no voy a hacer es llenar el post de vaguedades para disimularlo.
Pero mi caso es nimio cuando lo comparamos con lo que tuvimos que contemplar ayer algunos tuiteros por parte de uno de los directores del Primavera Sound, Gabi Ruiz (@gabiruizps). Resumiendo: en El Confidencial un periodista (que había sido acreditado por la organización del festival para reseñar el desarrollo de éste) hizo una reseña algo negativa sobre la última jornada del festival barcelonés en la que destacaba la crítica que hacía sobre DJ Coco, encargado de cerrar el festival y que, parece ser, llevó a término una sesión poco satisfactoria para varios asistentes al evento (ojo, yo no fui al Primavera, así que no opino sobre ello). Parece ser que el tal Gabi Ruiz se tomó como un ataque personal la opinión del periodista que, tal y como yo lo veo, estaba cumpliendo con su obligación para con sus lectores. Todo ello desembocó en una discusión en Twitter en la que el tal Gabi Ruiz (que, ojo, se presenta en su Twitter públicamente como uno de los organizadores del Primavera Sound, no como personaje anónimo ni nada así) empezó a insultar a gente a diestro y siniestro, llegando a sonar cosas como “niño pijo de los cojones“, “rojos de sainete” o “tarado”. A personas comentamos lo poco adecuado de sus palabras a través de nuestras cuentas nos dijo, literalmente, “calláramos la boca” porque éramos unos “ignorantes“. Toda esta ristra de insultos (ojo, de una persona cuya imagen representa un poquito al festival) porque primero, un periodista emitió una opinión sincera y razonada, basada en su experiencia y, segundo, porque unos tuiteros opinaron que insultar de ese modo está feo.
Obviamente, todo esto me ha hecho reflexionar. Hay una regla no escrita: yo hablo de tu evento antes de que suceda, lo promociono, lo muevo como mejor me parezca, en resumen, te llevo clientes y a cambio tu me acreditas para disrutarlo. Pero es que además aspiras a que después yo diga que ha estado de reputísima madre. Es más, pobre de mi como diga lo contrario. Aunque haya sido una cagada sideral. Da lo mismo, tengo que decir que fue el concierto del siglo. No, lo siento pero no. No puedo, no soy periodista, soy bloguera, pero sé que esto no va de eso. En efecto, trataré de promocionar tu evento, iré a presenciarlo con la mejor predisposición posible, sacaré las mejores fotos de que sea capaz, me quedaré despierta hasta tarde procesándolas, poniéndolas bonitas, mimándolas y subiéndotelas. También me quedaré hasta tarde escribiendo la reseña, intentando que esté a la mañana siguiente para que tu evento tenga gran repercusión. Te haré llegar todo este material, te ofreceré mis fotos, los originales de éstas, te diré que tengo más por si las quieres y te diré que eres completamente libre de usarlas para lo que te sea conveniente, faltaría más, solamente dí que las he hecho yo, más que nada porque me hace ilusión. Lo haré a pesar de que puede que si lo que he escrito no es exactamente lo que quieres leer (mencionar que, por ejemplo, una canción no fue tan brillante, a pesar de que la crítica sea globalmente positiva) tu vas a hacer como si no hubieras recibido nada de eso, me vas a ignorar maleducadamente. Pero no te puedo prometer que me guste. Eso no me lo puedes pedir. No te voy a hacer una promesa que no puedo cumplir. Si me gusta, eso sí, lo voy a decir, con pelos y señales, y me partiré el pecho por tu evento, por tu grupo o por lo que sea. Pero no te puedo prometer que me vaya a gustar, por muy predispuesta que vaya. Así que no me lo pidas ni me lo exijas. Si piensas hacerlo, no me acredites. Prefiero pagarlo de mi bolsillo. De verdad.






















