Llevaba yo unos días preguntándome si llegado hoy, 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, se me habría ocurrido algo interesante, inteligente o al menos divertido que escribir en este blog sobre el tema. Por Dios, soy una feminista, una orcobollera de pro, una twittera y bloggera con cierto público. ¡Algo se me tenía que ocurrir! Pero no, cuando anoche me fui a la cama todo parecía perdido. Mi patético cerebro de rubia no había encontrar ni una sola cosa inteligente que decir que no se hubiera dicho ya antes. Con esta desolación me fui a la cama. Ah, pero amigos, hete aquí cuando me he despertado y he venido al trabajo, la realidad me ha regalado eso que tanto estaba deseando: algo gracioso, que no demasiado intelligente, sobre lo que escribir. Porque según me bajaba del autobús para entrar al trabajo, recibía en mi smartphone el correo diario de Planeo, una de esas webs de descuentos que a veces me gusta curiosear por si encuentro alguna bandeja de sushi a mitad de precio. Y mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he leído el siguiente asunto:
Como estaba en la calle no he podido golpear el teclado correctamente con la frente. Pero no os preocupéis: lo hago ahora.
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Bien, ahora con todas las teclas y rugosidades del teclado bien marcadas en mi frente me siento con fuerzas para darle a “mostrar imágenes” y bucear entre las innumerables ofertas que el correo de hoy contiene hasta dar con aquella que contiene toda la sabiduría y fuerza que necesito para celebrar una fecha tan señalada como la de hoy.
Diosa, ¿será verdad? ¿Podré tener unas tetas perfectas sin necesidad de pasar por el cirujano ni de usar engorrosas y antiestéticas fajas? Cuando se lo cuente a mi director de tesis no va a caber en sí de gozo. ¡Qué forma más maravillosa de celebrar el Día de la Mujer! Hace 100 y poco años a una trabajadoras de una fábrica de textiles las quemaron vivas en su fábrica por exigir a su patrón librar los domingos y yo ahora, gracias a todos los avances que otras han conseguido por mi, puedo conseguir unas tetas más duras y voluminosas en su memoria. ¡Como las de la señorita de la foto! Nunca pensé que un aumento de pecho pudiera hacerme tan feliz.
Por lo tanto, oh sí amigos, pienso en el infinito número de posibilidades de éxito social y laboral que unas tetas mejor contorneadas, más vistosas y, ante todo, voluminosas, me van a ofrecer. Y, como no podía ser de otro modo, hago clic en VER AHORA. Estoy un pasito más cerca del éxito, oh sí, puedo sentirlo. (A continuación os adjunto una captura de pantalla con las condiciones del cupón, más que nada porque como son ofertas a corto plazo, probablemente el link deje de existir dentro de unos días)
¿Podéis creerlo? A base de mejunjes y masajes mis tetas no solo estarán más relajadas, sino que habré aumentado ¡una talla! de sujetador. No quepo en mi de gozo. Literalmente, porque tendré que renovar mis sujetadores. Da lo mismo, de este modo mato dos pájaros de un tiro: por un lago, mis nuevas y reafirmadas tetas harán que todos los hombres de mi trabajo me miren con renovado respeto, que mis opiniones sean escuchadas y tenidas en cuenta y que los apretones de mano sean fuertes y sinceros; por el otro, consigo todas estas maravillosas mejoras sin necesidad de pasar por el cirujano, que no es que eso me moleste, pero es que las orcobolleras con las que me acuesto bromean frecuentemente con la frase “Tetas de goma: tocada una, tocadas todas”, y no quiero que una bollera que no es capaz ni de depilarse los sobacos ridiculice mis tetas. No, todo natural. Todo maravilloso. Todo perfecto.
Y así, amigos y amigas, se celebra correctamente el Día de la Mujer Trabajadora, ese 8 de marzo en que las mujeres con dos dedos de frente nos quitamos los sujetadores, soltamos las fregonas y bajamos a la calle a dar rienda suelta a nuestros impulsos más feminazis a base de gritos, tamboradas y pancartas. Nos felicitamos por los logros conseguidos, y nos entristecemos por los que parecen no llegar nunca. Y nos sometemos a un tratamiento que nos aumenta el volumen de las tetas. Solo por si acaso este tiene algún tipo de consecuencia positiva en nuestra vida social, laboral, emocional o sexual. Porque eso es lo que somos las mujeres: máquinas de parir criaturas, poner lavadoras cuya habilidad para la supervivencia se mide en tallas de sujetador y número de copa. No hay más comentarios, chicas. A las que vayáis esta tarde a la manifestación de Madrid, por ahí andaré. A las demás, pues feliz 8 de marzo.
Bonus: Me ha picado la curiosidad por eso del peeling ultrasónico y de fitoestrógenos. Aunque sé algo de biología, lo de os fitoestrógenos no lo había oído mencionar en la vida, así que le he preguntado a la señora Wikipedia qué demonios era eso. Parece ser que son estrógenos de origen vegetal y que se ingieren en pequeñas cantidades en nuestra alimentación, pero cuyos efectos no están nada claros. Eso sí, para las tetas deben ir re-que-te-di-vi-nos.
Re-bonus: Por si fuera poco, la gente de Youzee me acaba de mandar un correo invitándome a celebrar el 8 de marzo viendo la segunda parte de Amanecer, una de las películas de la Saga Crepúsculo, que es bien conocida por ser haber fomentado entre las jovencitas un modelo de mujer sumisa e idiota que solo sirve para ser follada brutalmente. Seguro que Amazon me manda dentro de un rato un correo invitándome a comprar Cincuenta Sombras de Grey, como si no hubiera suficiente literatura feminista que consumir. En fin, que el próximo Día de la Ciencia lo celebraremos con un congreso sobre viajes astrales; y el Día del Padre, con una buena hostia bien dada. Total, es lo que se estila. ¿No?








