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True Blood resurge (más o menos) en su cuarta temporada

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Sookie Stackhouse: y parecía tonta cuando la compramos

La versión 'tonta' de Eric ha tenido tantas fans como detractoras a lo largo de la temporada

La primera temporada me pareció una genialidad. La segunda me gustó hasta la muerte de Godric. A partir de ahí, todo fue caer y seguir viéndola por inercia. Hadas, hombres-lobo, hombres-pantera y una lista interminable de gilipolleces que nada tenían que ver con la fina ironía de las primeras historias hicieron que casi pasara de ella. Pero, contra todo pronóstico, ayer llegué a una season finale sorprendente, buen cierre de una temporada que, sin la brillantez de la primera, ha sido divertida. Conozco bastante gente que ha dejado de verla: retomadla, porque la cuarta mejora. Ya no hay cuidados paralelismos entre vampiros y otros marginados de nuestra sociedad, elaboradas ironías sobre los fanatismos religiosos ni sexo bien hecho como al principio, pero está graciosa.

AVISO: Lo que sigue contiene enormes SPOILERS que pueden destriparte el final de la cuarta temporada de True Blood. Tu sabrás lo que haces.

  • Sookie, Bill y Eric: Tras el primer ataque de pánico de las hadas (todos tememos el momento en el que ese tema se trate realmente) y demasiadas vueltas con el tema del vampiro tonto (al principio es gracioso, pero tanta estupidez acaba por ser cargante) en el que se convierte Eric, Sookie acaba por aceptar que quiere a ambos pero que no se queda con ninguno. Tengo la esperanza de que Bill y Eric se acaben convirtiendo en el comando gay y la manden a paseo, pero no va a suceder. La temporada próxima Sookie lo intentará con Alcaide y, justo cuando se enamore de él cuando él la perdone por matar a Debie, éste morirá.
  • Tara, Lafayette y Jesús: La historia de la magia de Lafayette y Jesús nunca me convenció, y todos sabíamos que Jesús había llegado a la serie para palmarla cruelmente. No obstante, me dio penita que muriera. El personaje de Tara lleva dos temporadas dando tumbos estúpidos, con su (preciosa) novia desaparecida para siempre y parece que quedándose una vez más en Bon Temps. Por supuesto, no morirá: aparecerá algún vampirazo para darle su sangre y santas pascuas. Vaya drama de final. La historia del fantasma de la chica negra me pareció una chorrada inmensa, totalmente accesoria y falta de ritmo o interés.
  • Jason, Jessica y la gente pantera: Jessica es mi personaje favorito de la serie. No tiene mucho peso pero es gracias a eso que todavía no se ha vuelto en un plastazo como Eric o Bill. Jason cada vez me gusta más. Tras el terrible principio de la temporada, está claro que el tema de la gente pantera no está cerrado ni de lejos. Me ha encantado la reaparición del reverendo Newlin, pero tranquilos, apostaría a que no es un vampiro: recordad que el último capítulo se desarrolla en Halloween, y lo más probable es que solamente lleve colmillos de pega para acojonar a Jason. De todos modos, cualquier reaparición de los personajes de aquella secta es una gran idea.
  • Sam y familia: La familia de Sam nunca me gustó, eran demasiado estúpidamente malos. Me he alegrado con todas y cada una de sus muertes. La nueva novia de Sam es carne de cañón para morir en la próxima temporada. En general Sam me parece un personaje desaprovechado y habría querido que matara a su hermano para que pudiera quedarse con el poder de convertirse en otra gente.
  • Arlene, Terry y el Sheriff: Todo indica que los dos primeros, que empezaron como entrañables secundarios, van a tener un papel importante en la trama de la quinta temporada. Terry siempre me encantó, darle más peso será sin duda la mejor forma de joder el personaje. Parece que su pasado en Irak va a llamar a la puerta. Las adicciones al V en la serie ya empiezan a aburrir, pero bueno. Las historias de estos nunca pasan de divertidas a interesantes, pero están bien en la serie.

En general todo el tema de las hadas y la magia me echaba para atrás, pero no puedo negar que ha acabado siendo divertido. La mayoría de los capítulos me han dejado con ganas de más. El personaje de Marnie me ha parecido interesante y no demasiado mal dibujado, de modo que el villano de la temporada me ha dado juego. Menos interés me despierta la segura reaparición de Russell Edgington, que es tan malo y tan poderoso como el Imperio Galáctico, lo cual le convierte en algo tedioso. No me hace gracia la perspectiva de una quinta temporada con él. De las hadas ni hablo, porque me despiertan curiosidad cero.

¿Y a ti? ¿Qué te ha parecido? ¡Usa los comentarios! :-D

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La Piel Que Habito, Pedro Almodóvar y lo mala que es la envidia

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Envidia. Pura y dura envidia ante un talento incomparable que cada pocos años no puede evitar volver a sorprendernos, una y otra vez, con su inagotable universo personal y su sensibilidad para lo meramente bello. Envida es la única explicación para que los críticos de los principales periódicos de nuestro país despellejen (y nunca mejor dicho) como lo han hecho La Piel Que Habito. Especialmente hiriente es la crítica de Carlos Boyero en El País, en la que tacha de grotescos e involuntariamente cómicos algunos de los momentos más emocionantes del film. Por como habla y escribe, mucho me temo que el señor Boyero lleva años confundiendo su propia estupidez y la del público más básico con la palabra de Dios. Y va a ser que no.

Puedo comprender que la rebuscada y enfermiza historia relatada en La Piel Que Habito no guste a todo el mundo. Es normal, es un relato de por y para dementes. Pero de ahí a descalificarla a ella y a todo su equipo (director manchego a la cabeza, por supuesto) sin piedad, cuando vivimos en un país que ensalza a mindundis sin la más mínima sensibilidad como Alejandro Amenábar, me parece simplemente de vergüenza. De vergüenza porque, independientemente de la narración, técnicamente la película es un festival de belleza. La madurez de Almodóvar se demuestra en la perfecta geometría de cada plano, en el tratamiento del color y en el lenguaje corporal de sus actores: las escenas de Elena Anaya practicando yoga, el detalle de las alfombras vistas desde arriba, el color de la sangre en las escenas de laboratorio… todo en La Piel Que Habito rezuma estilo, buen gusto y saber hacer. La desgarradora banda sonora de Alberto Iglesias (disponible en Spotify) también contribuye a intensificar todavía más la experiencia de su visionado.

No voy a mentir: quien vaya al cine esperando ver al Almodóvar de Volver o de Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios, va a salir echando pestes. Obviamente los detractores de toda la vida de Pedro también pueden ahorrarse la entrada. Pero a toda persona que quiera ver algo distinto, intenso, hermoso, bien hecho y que no le va a dejar indiferente, le animo a que pague su entrada y opine sobre la película. Con un poco de suerte puede unirse al club de dementes a los que La Piel Que Habito nos ha fascinado.

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Tres cositas sobre la selectividad

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Así pintaba la estación de Cercanías del campus de la Universidad Autónoma de Madrid tras el primer día de la selectividad de 2011.

Trabajar en un campus universitario tiene cosas curiosas. Una de ellas es el masivo peregrinaje de postadolescentes hacia las aulas universitarias en los primeros días de junio. Parece que ya somos bastantes las generaciones de españolitos que hemos pasado por este rito de madurez llamado selectividad y, que yo sepa, no nos han quedado secuelas graves. Pero al ver tantos infantes recorriendo un camino similar al que yo anduve hace algunos años me invita a poner algunas reflexionespor escrito:

  • Estoy a favor de la selectividad. Ya lo estaba incluso antes de hacerla. Es más, incluso estoy a favor de hacerla más dura y de que cada facultad pueda hacer pruebas propias para regular el acceso a las carreras. De hecho (y ahora es cuando me empezáis a pegar palos) pienso que hay una superpoblación en las universidades españolas fruto de la idea de que para ser alguien hay que estudiar una carrera. Aunque sea Historia. NO estoy en contra de los historiadores, pero aceptemos que nuestro país ha generado muchos más licenciados en Geografía e Historia de los que puede emplear. O bien fomentamos la creación de puestos de trabajo para ellos o bien se regula el acceso a este tipo de estudios en función (real) de las demandas laborales del país.
  • La selectividad es una buena prueba de madurez. Es bien sencillo aprobarla y quien lleve unas notas decentes en el instituto lo tiene fácil para elegir la carrera que quiera. Pero es un rito por el que hay que pasar: los chavales que hoy se examinan lo hacen como niños pero, al final de todo este proceso, serán universitarios. Casi serán adultos. Es una especie de (curioso) rito ciudadano que nos hemos montado.
  • ¿Para qué se estudia, para aprender o para aprobar la selectividad? Desgraciadamente, cuando la el medio se convierte en el fin, estamos ante una situación complicada. Se extiende la creencia de que los dos años de bachillerato sirven casi exclusivamente para aprender a aprobar la selectividad y a veces se deja de lado la satisfacción de aprender cosas nuevas, las cosas bonitas que tiene el estudio. ¿Dónde termina el medio (acceder a la universidad) y empieza el fin (aprobar un examen)? Ahí es donde veo uno de los principales errores de este sistema de pruebas de acceso a la universidad.

En cualquier caso, una prueba tiene que haber de cualquier modo. Pero, ¿somos capaces de generar jóvenes que no piensen que el único objetivo de estudiar es aprobar un examen? Supongo que es una pregunta que, en principio, tienen que responder los educadores y, a lo mejor en menor medida, los padres. Pero, al fin y al cabo, todos hemos sido estudiantes y sabemos mejor que nadie nuestros aciertos y errores. ¿Tu? ¿Qué piensas?

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Por qué acabé ayer en Sol

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La Puerta del Sol la tarde del 18 de mayo. Puedes ver más fotos en mi Flickr.

Supongo que tras los posts de ayer y el lunes se impone escribir esto. Anoche me encargué de radiar por mi Twitter cómo me iba a la concentración convocada a las 20.00 en la Puerta del Sol por parte de los acampados en ella. Mi intención inicial era pasarme un poco antes y, como había dicho, preguntar a los acampados por sus propuestas e ideascon algo más de calma. Pero a las cinco de la tarde algo cambió:

La Junta Electoral de Madrid cree que la petición del voto responsable a la que se refieren los convocantes “puede afectar a la campaña electoral y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto”. Sigue leyendo la noticia.

A las cinco yo seguía (y sigo) sin estar de acuerdo con lo que se pide en Sol. O al menos con parte de ello. Sigo pensando que esto son brindis al sol y no creo ni que el PSOE sea exactamente la misma mierda que el PP ni que se vaya arreglar el marrón que tenemos a base de gritos. Pero lo que no tolero de ningún modo es que la Junta Electoral prohíba algo permitido por derechos más básicos de nuestra sociedad. Hasta ahí podían llegar las bromas: puedo pensar que la gente que está durmiendo al raso en Sol son unos perroflautas sin propuestas (exagerando), pero en ningún caso voy a tolerar que se les prive de su derecho a quejarse. Que se quejen si quieren contra el color amarillo, yo voy a defender siempre su derecho.

Y esto me llevó ayer a Sol: la indignación ante una decisión injusta de la Junta Electoral de Madrid. Ir me permitió ver, además, que yo el domingo estaba equivocada: las manifestaciones (ojo, no las acampadas) no son un nido de jovenzuelos antisistema ni twitteros en paro. Como bien documentó @Txemacg el domingo, hay de todo. Desde ancianos hasta universitarios, pasando por becarios y familias. Todos con algo en común: están hasta los cojones de la crisis.

Sigo pensando que toda esta historia es un brindis al sol que va a acabar con una victoria todavía más grande del PP en las municipales y autonómicas. Pero también creo en el derecho a cabrearse y a quejarse. Pegar cuatro gritos de vez en cuando, al menos, relaja. No estoy de acuerdo con todo lo que se gritó ayer ahí, pero considero importante que se juntara tanta gente solamente por puro cabreo. Si, al menos, esto sirve para reducir el índice de abstencionistas de este domingo, tendré que comerme mis palabras y decir que, efectivamente, me he equivocado al juzgar el movimiento Democracia Real YA.

Para terminar, un último brindis al sol: una canción que, de puro utópica, es hermosa. Os dejo con mi adoradísima Patti Smith. El poder está en la gente. Aunque no esté claro si creerse eso a día de hoy sea soñar o delirar.

People Have the Power
I was dreaming in my dreaming
of an aspect bright and fair
and my sleeping it was broken
but my dream it lingered near
in the form of shining valleys
where the pure air recognized
and my senses newly opened
I awakened to the cry
that the people / have the power
to redeem / the work of fools
upon the meek / the graces shower
it’s decreed / the people rule

The people have the power
[...]

The power to dream / to rule
to wrestle the world from fools
it’s decreed the people rule
it’s decreed the people rule
LISTEN
I believe everything we dream
can come to pass through our union
we can turn the world around
we can turn the earth’s revolution
we have the power
People have the power …

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Por qué no estoy en Sol

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La #acampadasol el 18 de mayo a las 8 de la mañana.

Llevo dos días usando mi blog y mi Twitter proclamando mi escepticismo ante la #spanishrevolution, la #acampadasol y el movimiento #15m. Anoche me temí estar equivocada: ¡Vente, infórmate!, me decían. Yo llevaba en pie desde las 7 de la mañana, había trabajado duro y el único sitio al que me quería ir era a la cama. Pero una parte de mi lamentó no hacerlo: A ver si esta gente está decidiendo cómo arreglar Españay me lo estoy perdiendo, pensaba.

No pasa nada: paso por Sol a diario para ir a trabajar. Desayuno rápido y voy a la carrera al bus para ver qué se cuece realmente en el Kilómetro Cero. Para empezar, un atasco interesante en a Calle Mayor a causa de la cantidad de lecheras, coches de policía y camiones de la basura que andan por Sol. Ya en la plaza, un mar de cartones cubiertos por una precaria lona amarrada entre las farolas me saludan. Hay gente, no lo puedo negar, hay bastante gente bajo esa lona. La plaza está sucia pero algunos de los manifestantes están pasando escobas y recogiendo cartones ordenadamente. Sol está llena de pancartas: Espe hates you, Sé coherente: no hagas botellón, Toma la calle

Me acerco a la carpa y entablo la siguiente conversación con una chica que recoge su saco de dormir:

La #acampadasol el 18 de mayo a las 8 de la mañana.

 

The Lost Dreamer: Buenos días. Tengo algo de prisa, pero ¿podrías decirme qué proponéis con esta acampada?
Chica: Estamos contra el bipartidismo.
TLD: ¿Y qué más?.
Chica: (Titubeando) Pues no sé. Espera. ¡Manu, ven, dile a esta chica qué proponemos!.
Manu: Estamos montando asambleas, no queremos bipartidismo. Los políticos son no nos representan y queremos alternativas… ¡Ah! y la Universidad.
TLD: ¿La universidad?.
Chica: Nosotros somos de un comité de alumnos universitario.
TLD: (Empezando a flipar) Esto… vale. (Señalando el edificio de Correos, sede de la Comunidad de Madrid) El domingo va a volver a ganar esa hija de puta. ¿Qué hacemos para que no suceda?
Manu: No lo sé.
TLD: Pero algo tenéis que proponer. La tía esa va a volver a ganar.
Chica: Hemos pasado toda la noche montando asambleas. Nosotros estamos en el Comité de Propaganda (TLD abre los ojos más todavía) pero hay gente discutiendo qué se puede hacer.
TLD: ¿Por qué no montáis un partido político?.
Manu: ¿Eh? No, no queremos.
TLD: Puede montarlo cualquiera. Solo hace falta que te voten.
Chica: Va a ser mejor que te vengas por la noche, que habrá asambleas y podrás enterarte de qué se está haciendo.
TLD: (Recogiendo la mochila) Ok, pues nada, buen día.

Quien se la quiera creer que se la crea. Quien no, pues mejor para él. Esto me han dicho hoy a las 8 de la mañana. Comprendo el cabreo. Comprendo que las democracias occidentales son manifiestamente mejorables. Y me parece genial que se movilice a la gente. Pero estas democracias son, con diferencia, el mejor sistema político que ha implementado la Humanidad. Con fallos, al menos son capaces de tolerar la presencia de opositores sin meterlos en la cárcel. Hay que mejorarlos. Ahora bien, pretender dinamitarlos sin tener ni una sola propuesta me parece un mal chiste. Lo siento. A día de hoy no puedo apoyar la #acampadasol porque me parece un sinsentido. Espero dentro de una semana, un mes o un año escribir en este blog, con letras gigantes, Me equivoqué. Lo siento. De verdad, espero poder hacerlo.

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Cinco razones para pagar por Spotify

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Hace ya 12 días desde que Spotify instaló su famoso contador de la muerte en todas sus cuentas gratuitas. Diez horas al mes y 5 reproducciones para cada tema. Mucha gente ha puesto el grito en el cielo y se ha lanzado a buscar alternativas. En mi opinión, los suecos estos lo han hecho que te cagas: han utilizado un modelo freemium para convencer a miles de usuarios de que ofrecen un servicio tan bueno que, cuando nos han exigido dinero a cambio, lo hemos pagado sin problemas. ¿Pagar? ¿He dicho pagar? No, no estoy loca y tampoco me ha tocado la lotería. Os voy a explicar por qué he decidido pagar por Spotify.

  • Porque me gusta la música: y por gustar quiero decir que me paso la vida oyendo música. La inmensa mayoría de mis horas de trabajo no son una excepción. Es posible que use Spotify de 7 a 8 horas diarias. Además, no solo me permite escuchar música: también me permite descubrirla (he empezado a oír cientos de grupos que no conocía en los dos años que he estado usándolo), compartirla y recibirla (las funciones sociales de Spotify todavía tienen que crecer mucho para ser perfectas).
  • Porque cinco son pocos euros: en serio, soy becaria. Pertenezco a uno de los estamentos más bajos de nuestra sociedad y, aún así, puedo permitirme pagar los 5 euros que cuesta una cuenta Unlimited al mes. En comparación con lo cutrones que son la mayoría de sus alternativas, realmente es una buena relación calidad/precio.
  • Porque es legal: Cada vez que oyes una canción en Spotify, dicha empresa paga un dinero a la SGAE. De este modo, se garantiza que los artistas reciban su retribución por su trabajo (siempre y cuando te creas que la SGAE sirve para eso) y, sobre todo, nadie puede acusarte de oír música ilegalmente, ser un delincuente o estar aniquilando a la industria musical. Muchas de las llamadas alternativas a Spotify, como Grooveshark, no lo son, puesto que permiten compartir archivos sin el consentimiento de los creadores.
  • Porque funciona bien: como programa Spotify no es nada del otro mundo. No tiene demasiadas funciones y no parece haber explotado (por ahora) todo el potencial social que tienen sus recursos. Pero, aún así, es un software bastante agradable y fácil de usar y que, además, no suele colgarse o quedarse sin conexión. El principal inconveniente que le veo es que su versión nativa para linux es demasiado inestable (tanto que no consigo ni abrirla).
  • Porque es un modelo en el que creo: me permite escuchar y descubrir música, que es mi gran pasión, y además lo hace de forma respetuosa con los artistas. A Spotify solamente le falta dar beneficios económicos para demostrar a todos los que decían que internet estaba matando a la música que estaban equivocados. Internet no solamente no ha acabado con la industria musical: la está haciendo más grande y más fuerte. Nunca antes había habido tanta facilidad para acceder a música de todos los estilos y orígenes posibles. Lejos de acabar con la música, internet la está democratizando y nos está permitiendo que bandas que en otras circunstancias nunca se habrían oído en España se hagan un hueco en nuestro país. Por no mencionar que está fomentando que cada vez haya más eventos musicales porque cada vez hay más público para ellos.
  • ¿Y tú? ¿Qué piensas? ¿Te has pasado a Spoti de pago o tiras mediante listas de Youtube y Grooveshark? Los comentarios están para algo :-P

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    La Caza de Bin Laden

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    Hoy en mi blog cuento con un invitado de excepción: Lebonloup, politólogo, habitual comentarista en este blog, twittero y, sobre todo, un gran amigo mío. Lebonneloup sabe de terrorismo mucho más que yo y se ha animado a escribir un extenso e interesante artículo sobre los acontecimientos de los últimos días en el panorama internacional. Es un poco largo, pero de lectura obligada para quien quiera tener una opinión completa sobre el asesinato de Bin Laden. Disfrutadlo.

    Hace tiempo que tengo claro que, ante estas cosas, más vale tener un poquito de paciencia, porque en días sucesivos comenzarán a clarificarse algo más las cosas, se irán sabiendo otras, y con cuanta más información, mejores análisis pueden hacerse. Ya desde el minuto uno se produjeron meteduras de pata de envergadura, quiero pensar propias de las prisas, como la del diario El País, colocando en Afganistán un mar inexistente desde que la geografía es tal cosa, o el espantoso ridículo la de la RAI o la Tele5 italiana hablando del cadáver de “Obama”. Sea como fuere, uno no deja de pecar de inocente sabiendo de antemano que la catarata de informaciones y, lo que a veces es peor, opiniones, va a venir en forma de maremoto, y al final no hay modo de resistirse y acabamos diciendo algo, asi que vamos a ello.

    En primer lugar vaya la advertencia. Por mucho que en los siguientes días lleguen comunicados oficiales, doy por sentado que buena parte de todo este asunto caerá bajo una etiqueta de seguridad nacional de uno u otro nivel y que tardaremos décadas en llegar a la información total. Confiemos en que al menos, todos los documentos tengan una fecha finita en su nivel de secreto. De modo que a partir de aquí cualquier cosa que se diga debe hacerse con un pie asentado sobre arenas movedizas y un cierto margen de duda. No se trata de espíritu conspiranoide: es la simple asunción experimentada de que en estos asuntos la luz no lo alumbra todo y el taquígrafo no se entera de alguna parte, y al final o nos contentamos con la historia oficial o damos pábulo a la que no lo es, por cuyo poco riguroso filtro se nos suelen colar historias calenturientas entremezcladas con otras que, a veces, resultan más creíbles y sostenibles como basamento de una duda más que razonable.

    La primera reacción a la noticia a uno le llega por las tripas y no puede evitar una cierta satisfacción. Ha desaparecido el promotor de la nebulosa de Al Qaeda, el gran financiero del terrorismo internacional de los últimos casi veinte años, el gran icono aglutinador del radicalismo salafista, el agitador de la muerte, el último referente ideológico de un movimiento que ha dejado miles de muertos alrededor del mundo. Aborrezco el odio que ha diseminado. Aborrezco su integrismo. Aborrezco su visión rigorista de su propia religión y su estrecha y maniquea concepción del mundo. Lo aborrezco a él como he aborrecido, desde que tuve conocimiento de ellos, a todos los Torquemada del mundo, y a los Pinochet, a los Stalin, a los Pol Pot, a los Mussolini, a los Franco, a los Videla, a los Millán Astray y un largo etcétera que si continuo no le veo final. No me sirven las justificaciones basadas en certezas sobre la opresión de los pueblos musulmanes en determinados lugares del mundo. No me sirve la excusa de la pobreza que empuja a los desesperados a abrazar al rigorismo y lanzarse al martirio. Hitler también tenía razones palpables e innegables cuando vomitaba sobre el infame Tratado de Versalles, y eso jamás sirvió, a la postre, para que nadie le justificase ni lamentase su desaparición. Muchos quizá lamentaron que el infame tirano austriaco se quitase la vida y obligase a llevar la guerra hasta la mismísima vertical del búnker en que se escondía, otros tantos (quizá millones, a saber) hubiesen seguido vivos si de alguna forma le hubiesen parado los pies tiempo antes. Sé que esto es terreno muy pantanoso, pero recuerden, he dicho que hablaba con las tripas. Ningún dilema moral.
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    Mi primer paseo por Madrid Río

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    Una de las áreas de refresco del parque Madrid Río a la altura del Puente de Segovia.

    Ayer por la tarde me di un breve paseo por uno de los tramos recientemente inaugurados del parque Madrid Río, recientemente inaugurado en mi ciudad. Anduve a lo largo del tramo entre Príncipe Pío y el Estadio Vicente Calderón, por la margen izquierda del Manzanares. Aprovecho que tengo un blog para apuntar mis impresiones sobre el proyecto estrellade esta legislatura en la capital del reino. Dejo al lector la extracción de conclusiones, sobre todo a través de su experiencia en el parque.

    LO BUENO:

    • Que hay un parque donde antes solamente había carretera y ruido.
    • Que ahora parece que Madriz tiene un río. Al menos por unos metros.

    LO MALO:

    • A pesar de que gran parte de las personas que estaban disfrutando del parque lo hacían en patines o en bicicleta, no había ninguna zona o vía habilitada para ellos. A los viandantes solamente nos quedaba confiar en la buena voluntad el civismo de los propietarios de las ruedas para que todos pudiéramos caber por el paseo sin molestarnos demasiado.
    • En el par de kilómetros que recorrí no encontré más que una fuente que, además, no funcionaba. Además, no hay ni un solo puesto de helados, refrescos o pipas.
    • En dos kilómetros no encontré ni un solo banco. Había algo parecido a unas maceteras en las que se podía sentar uno, así como unas fuentes en las que puedes poner los pies a remojo (si quieres) mientras te sientas. Pero bancos, de los de toda la vida, ni uno.
    • El Puente de Segovia constituye una frontera insalvable para quienes quieren continuar su paseo desde Príncipe Pío: no se puede pasar por debajo, de modo que hay que subir por la calle Segovia, cruzar tres semáforos y andar un buen trecho para volver a acceder al parque. Ya que no hay un paso subterráneo, un paso de cebra justo a la salida del parque para facilitar el paso de un lado al otro no parece una idea tan descabellada.
    • Hay partes que son auténticos secarrales, con caminos de polvo y ni un poquito de césped para refrescar el ambiente. No hay sombras ya que la mayoría de los árboles todavía son demasiado pequeños para propocionarlas. No se me ocurriría pasear por ahí en verano.
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    Un discurso sin palabras

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    Y ya está, no tengo más que decir

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    Cirque du Soleil decepciona con Corteo

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    Uno de los números que menos me gustó de Corteo.

    Llevo muchos años fascinada por Cirque du Soleil. Concretamente, desde que vi Alegríapor primera vez, cuando tenía 12 años. Quienes conocen el mundo del espectáculo me dicen que el principal mérito de esta compañía de circo canadiense es hacer lo mismo que se ha hecho siempre, pero con unos medios descomunales. De cualquier modo, el singular flujo de emociones que me produce la música; los extraordinarios payasos que hacen que pases de la risa al llanto en menos de un minuto; los espectaculares acróbatas y el detallista vestuario hacen que rara vez me pierda ninguno de los espectáculos que traen a Madrid.

    Así que con Corteo (hasta el 5 de junio en Madrid y luego de gira por el resto de España) no ha sido menos. Me he gastado una buena cantidad de euros en un espectáculo que creía que me encantaría… y me he llevado un chasco interesante. Desgraciadamente, todo me ha parecido una copia barata de Alegría. Para empezar, los números acrobáticos son, en general, discretos. Salvo unas pocas excepciones, los artistas parecen inexpertos (movimientos tensos y poco fluidos, fallos claros, poca coordinación) y da la impresión de ser una compañía de categoría inferior dentro de Cirque Du Soleil. Por supuesto, hay algunos números impresionantes: el primero de las lámparas-trapecio, el que combina vuelos con camas elásticas y el último de acrobacia. Pero el resto… sosos.

    Pero la gran decepción viene con lo demás: siempre me encantaron los payasos de Cirque Du Soleil. Ni más ni menos, contrataban a los mejores del mundo. En Corteo en vez de payasos hay personajes que hablan (¿para qué? ¡es circo!) y cuentan una historieta francamente aburrida. Y, para colmo, los toques de humor los aportan dos disminuidos físicos (dos enanos). Simplemente no le encuentro mérito y no me hace gracia. Prefiero un payaso que no hable, una transición audiovisual, un baile… lo que sea, salvo eso.

    En resumen: a quien nunca haya visto a Cirque du Soleil, Corteo le encantará. No deja de ser un espectáculo con una factura de calidad, golpes efectistas y mucho dinero dentro. Para los que conozcan la trayectoria de la compañía, es posible que se les quede en una obra menor.

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