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Lo llaman feudalismo y no lo es

Hoy es el Día Internacional del Donante de Órganos y yo tenía en mente un post precioso sobre el tema. Pero no. Hasta eso tiene que venir el rey y fastidiármelo. El rey. Ni más ni menos. Joder, debería sentirme honrada de que su majestad me fastidie el desayuno mientras oigo la radio. Debería abrazar sonriente las naúseas que siento cuando escucho a los periodistas excusar amablemente a su majestad por el intolerable trato con que honró a los compañeros que, encima, están ahí para loarle y dorarle la píldora.

El desprecio y mal gusto con el que este mentecato abroncó ayer a unos periodistas, acusándolos de mentir sobre su estado de salud, es simplemente de vergüenza. El desprecio propio de un señor que no nos ve como ciudadanos, iguales ante la ley y poseedores del derecho a la libertad de expresión. El desprecio propio de un señor que nos sabe vasallos, inferiores a él y a su familia, que nos mira desde tu intocable pedestal.

España es un Estado de Derecho, sí; un país relativamente libre y civilizado en el que se puede insinuar, sin pruebas ni consecuencias, que la vicepresidenta del gobierno es lesbiana y mantiene una relación con una conocida presentadora de infotmativos o en el que se puede decir (siempre en tono jocoso) que la esposa del presidente del gobierno parece un transexual. Pero el Estado de Derecho termina donde empiezan los muros del Palacio de la Zarzuela: a partir de ahí todo es silencio y cabezas agachadas. Feudo y vasallaje. A partir de ahí la reina puede opinar sobre el aborto y los matrimonios homosexuales (en contra, faltaría más), pero pobre del periodista que haga una broma sobre sus hábitos alimenticios o sobre su existente o inexistente cornamenta.

Yo a Juan Carlos de Borbón no le deseo ni la muerte ni, tan siquiera, la enfermedad. Le deseo que cuando le operen de la rodilla lo hagan en (por ejemplo) el Hospital de Móstoles, para que pueda compartir una un habitación en la sexta planta (dos ascensores para todo el hospital y ni siquiera le deseo que se estropee uno de ellos) con otras dos personas, que sus familiares tengan que pagar a euro 200 ml de agua y que el equipo que le haya atendido no tenga tiempo ni para dar explicaciones sobre su operación durante más de 3 minutos. Le deseo ser una persona normal. A malas, le deseo unas elecciones. O, poniéndome bestia, la parte menos civilizada de mi le desea un exilio dorado, a él y a toda la familia de chupones que viven de mis impuestos solamente porque le lamieron el culo más y mejor que los demás aspirantes al trono a Francisco Franco.

Y escribo esto porque, aunque la Constitución diga que España es un reino, yo no le rindo pleitesía a nadie. Va a tener cojones que encima nos quedemos con la peor parte del feudalismo pero que no podamos divertirnos con las justas ni las peleas a espadazo limpio. Por ahí no paso: si queremos feudalismo, o todos, o ninguno. Y si no, República. Por cierto, que el título se lo he tomado prestado a mi buen amigo @andres1gb, incesante creador de frases ingeniosas y geniales chascarrillos.

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Un discurso sin palabras

Y ya está, no tengo más que decir

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23F: Cuando la noticia es el pasado

En estos entrañables días en los que nos toca celebrar que el hatajo de palurdos que pueblan las redacciones de los medios de comunicación de nuestro apacible reino son capaces de buscar un puñetero periódico en la hemeroteca (no es tan difícil, basta con que los tengan ordenados cronológicamente), es fácil caer anestesiados por la fragancia de la estupidez.
Así que como de hemerotecas va la cosa y parece que en los medios todos los archivos anteriores o posteriores al 23 de febrero de 1981 se han volatirizado, vamos a repasar unos par de acontecimientos relativamente recientes.

Gaddafi y don Juan Carlos, en el palacio de Bad el Ezeia, atacado por EE UU en 1986. La foto fue tomada en enero de 2009. La he encontrado en la web de El País.

- El Rey Don Juan Carlos visita Libia para estrechar lazos comerciales en 2009.
- Gaddafi visita España en 2007 para estrechar lazos comerciales.

Así que ese mismo monarca que tardó 8 horas en decidir si apoyaba o no la Constitución allá en la década de las hombreras, se dedica en la actualidad a pasear en calidad de invitado por países gobernados por gente de dudosa integridad. Eso sí: es para abrir nuevos mercados.

Niños, siento deciros que los Reyes Magos no existen: son los padres y, para más inri, nuestro amadísimo monarca se codea con algunos de los dictadores más majaderos y sanguinarios del globo. Lo primero es una tragedia. Lo segundo no le importa una mierda a nadie.

Porque si fuera tan grave, la gente no le votaría como jefe del estado, ¿no?

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Feliz 1978

Lean atentamente, como si estuvieran haciendo un sudoku en el wáter:

De la Constitución Española de 1978:

  • Artículo 1.3: La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.
  • Artículo 10.2: Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.

De la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948:

  • Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
  • Artículo 2: Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Y me pregunto yo, si según la Declaración Universal de los Derechos Humanos todos los españoles nacemos iguales y tenemos los mismos derechos sin distinción de ningún tipo, ni siquiera por nacimiento, ¿por qué solamente los españoles que se apellidan Borbón pueden ser jefes del Estado?

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